1. El cura y yo


    Fecha: 25/03/2020, Categorías: Gays Autor: morochouruguayo, Fuente: SexoSinTabues

    El cura Julian mi mejor amigo y amante
    
    Después de que el respetable sacerdote me sodomizara y se bebiera mis fluidos mas íntimos, Julián quiso enseñarme el seminario en el se había criado. Su padre no nos acompañó. Prefirió dejarnos solos alegando que tenía que resolver unos cuantos asuntos antes de poder dedicarse por completo a nosotros. Así que, después de que él se fuera a hacer sus cosas, salimos del despacho y nos fuimos a conocer el lugar.
    
    El seminario era bastante pintoresco. Era una gran casa antigua con enormes vigas de madera y paredes de piedra. En el centro, había un hermoso patio con unos cuantos árboles que daban sombra en verano donde se podía oler el aroma que escapaba de la cocina que había justo en uno de los lados.
    
    Mientras paseábamos por el lugar Julián no paraba de contarme anécdotas graciosas de cuando vivía allí. Entramos en la cocina, que estaba llena de sartenes y peroles, y me contó cómo robaba comida al cocinero cuando éste salía a tirar a la basura. Entramos en la biblioteca, donde había unos monjes miopes leyendo libros, y me contó que habían unos cuantos cuadernillos con historias bastante subidas de tono escondidos debajo de una de las estanterías. Subimos al piso de arriba donde estaban los dormitorios y pude comprobar que todo eran celdas dobles y muy austeras. Julián me enseñó la que fue la suya y me obligó a sentarme sobre su antigua cama que no era muy grande pero era cómoda. Julián se acercó a la ventana y me pidió que me asomara.
    
    -¿Ves a ese pelirrojo de ahí?- Me preguntó señalando con el dedo a un monje de nuestra edad.
    
    -Sí
    
    -Se llama Sebastián y era mi compañero de cuarto.
    
    Le miré todo lo bien que pude y, sin estar muy seguro por la distancia, me dio la sensación de que era atractivo.
    
    -Es el primer chico al que acosé.
    
    Me reí por su confesión.
    
    -No se por qué, pero no me sorprende- le dije
    
    -Se meaba en la cama. Así que, para que no tuviese que estar con los meados, se venía a dormir conmigo. Me despertaba, me pedía permiso para meterse en mi cama, se quitaba toda la ropa mojada y se acostaba a mi lado. Un día se me ocurrió tocársela y no me corté.
    
    Volví a reírme.
    
    -¿Y qué pasó? – pregunté intrigado.
    
    - Pues que se empalmó y yo seguí con los toqueteos. Creo que por culpa de eso tardó tantos años en dejar de mojar las sábanas.
    
    Dejamos la ventana y salimos del seminario. Julián siguió contándome anécdotas y chismorreos del lugar. Parecía sentir cierta predilección por los que hacían referencia a los genitales de los curas mayores. "Ése de ahí la tiene muy gorda". "La del calvo de allá es minúscula". "Aquél de la hoz sólo tiene un huevo". Comentarios como éstos me hacía preguntarme si de verdad estaba donde creía estar o el demonio me había transportado a un universo alternativo donde la religión era sinónimo de pecado. Fuera como fuere, deducía de todo aquello que a todos esos sacerdotes no les importaba que jóvenes como Julián conocieran con tanto detalle sus partes ...
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